Diciembre Book Tag

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Continuando con los book tag de The Classics Club, este mes la pregunta es súper interesante. ¡Hablemos de infancia y literatura pues!

THE CLASSICS CLUB: “¡Hablemos de clásicos infantiles! ¿Leíste alguna obra clásica cuando eras niño? ¿Cuáles eran tus favoritos? Si no ¿has leído o leerías algún clásico literario infantil en el futuro? (Sabemos que algunos niños a veces leen al nivel de los adultos, siéntete libre de compartir clásicos o clásicos infantiles que atesoras de tu niñez o clásicos infantiles de los cuales recientemente te has enamorado)”

De niña recuerdo haber leído muchos los libros infantiles de El Barco de Vapor, pero nunca un clásico infantil. A los 10 años recuerdo haber leído un libro de Robert Louis Stevenson que fue quizás uno de los que más marcaron mi vida literaria. Fue “El Diablo de la Botella”. El libro era de mi hermano y él me lo prestó y fue una obra que me encantó. El tema quizás no era ideal para una niña de 10 años pero me capturó la narración desde un inicio y sufrí la desesperación de saber que iba a pasar con esa botella y porque él siempre la compraba y porque alguien simplemente no la tiraba dentro de un volcán así iba directo al infierno donde la pobre botella iba a estar tranquila (mi pobre inocencia no entendía que era imposible, que aún así regresaría porque esa era su misión ja, ja, ja).

Recuerdo que lo leí en la escuela y que se los presté a mi maestra y al año siguiente me dijo si se lo prestaba, que quería leerlo a su clase.  Casi siempre vuelvo a él y leo algunas páginas de los pasajes que más me gustan. Recomendadísimo si quieren hacer leer a alguien.


Tal vez un clásico que leí, pero no sé si es precisamente infantil a pesar de su nombre, es uno de la autora salvadoreña Claudia Lars, “Tierra de Infancia”. Ese fue el primer libro que compré para leerlo por voluntad propia, tenía 12 años. Y es uno de los que más amo.

Marcó un antes y un después en mi vida, porque me presentó el placer de la lectura en todo su esplendor. El Diablo de la Botella sembró en mí aquello de que leer no era aburrido, pero Tierra de Infancia fue la que hizo explotar este amor intenso por la lectura. No sé si se considera un clásico, pero es tan bello. Recuerdo haber pasado pegada a él por días y tratar de descifrar que era lo que estaba sintiendo al no poder detener la lectura. Quisiera volar en el tiempo y volver a sentir esas cosquillas y esa emoción en el pecho como la que sentí cuando terminé de leer Tierra de Infancia y me quedé con ansias de leer más y conocer más sobre los libros.

Y aún sigo atada a ese amor. Y definitivamente no me quiero escapar de este amor jamás.


Ahora, ya con 21 años me declaro fan del clásico “Mujercitas”, de Louisa May Alcott. Este libro lo leí a los 19 años y desde entonces se ha vuelto uno de mis preferidos.

Jo March ha sido uno de mis personajes favoritos en toda la literatura, quizás después de Emma Woodhouse sea la más influyente en mi vida porque me identifico tanto con ella.

Vivo comparando mi vida familiar con la que hay en Mujercitas, y creo que el libro tiene algo que me llena de melancolía porque mi infancia está tan lejana ya. Y siempre insisto en que si tengo una hija este será uno de los primeros libros que le leeré porque es sencillamente precioso.

He leído la continuación también, “Buenas esposas”, pero no tuvo el mismo impacto en mí como Mujercitas. Empecé “Hombrecitos”, pero es que me molesta como Jo termina. Mi Jo merecía más. Además siempre quise que ella se quedara con Teddy.


Quiero leer otros clásicos infantiles. Me gustan porque en ocasiones es bueno salirse de las estructuras de los clásicos serios (que yo adoro eso sí) y sumergirse en la literatura infantil. Por eso es que insisto en que siempre hay un clásico para cada momento de la vida. Aquí algunos de los clásicos infantiles que quiero leer:

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La fama de estos libros me motivan a leerlos 🙂

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De estos libros sólo he visto las películas, ¡pero sé que necesito leerlos pronto!

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Frances Hodgson Burnett es quizás una de las que más ansío leer algo.

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RESEÑA: El Gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald

No podíamos encontrarnos. Pero nos estuvimos amando todo este tiempo, viejo amigo, y usted no se daba cuenta. A ratos me daba risa saber que usted no se daba cuenta.”

gatsby3Oh Gatsby. Al fin nos encontramos. Había postergado tanto la lectura de este libro porque me he acostumbrado tanto a leer novelas del siglo XIX que intentar algo nuevo me daba algo de miedo. Mi edición es de Alfaguara y lo compré en abril de este año (precisamente en la FILCEN 2014), el libro fue a parar primero en manos de mi hermano, quien se obsesionó con la historia y siempre me hablaba de ella, me lo presentaba como algo tan maravilloso que me moría de envidia. Y a principios de diciembre lo terminé…

Y las consecuencias de su lectura aún me siguen persiguiendo.


El Gran Gatsby es narrado por Nick Carraway, un joven graduado de Yale que llega a Nueva York. Se muda al West Egg, un vecindario repleto de nuevos ricos y su vecino es quizá uno de los más extravagantes y adinerados: Jay Gatsby, un joven que da enormes fiestas todos los fines de semana y de quien nadie sabe quién es, de dónde viene o qué ha sido de su vida pasada. Sólo se contentan con ir a sus fastuosas fiestas.

Nick es primo de Daisy Buchanan y ésta lo invita a pasar un día con ella en su casa. Daisy vive junto a su gatsby1esposo Tom Buchanan en East Egg y su casa está justamente frente a la de Gatsby, separados por el agua. Allí Nick conoce a Jordan Baker y la hija de Daisy. Después llega a la casa de Nick una invitación a la fiesta de Gatsby, él asiste y se encuentra con Gatsby. También ve a Jordan, a quien Gatsby llama durante la fiesta para charlar. Jordan le cuenta a Nick que Gatsby quiere ver a Daisy y concertan un día en el cual Daisy llegará a casa de Nick y Gatsby está allí para verla.

Lo que pasó entre Daisy y Gatsby es que ellos se habían conocido hacía cinco años y se enamoraron, sin embargo Gatsby tuvo que partir. Daisy entonces se comprometió y casó con Tom Buchanan, un adinerado ex atleta y mejor partido que Gatsby (pues este no tenía nada de dinero cuando conoció a Daisy). Pero Gatsby regresa cinco años después, compró una mansión frente a la de Daisy pero en West Egg y cada tarde sale a ver la luz verde que se encuentra en la casa de Daisy.

Daisy y Gatsby vuelven a verse e inician un pequeño romance a escondidas de Tom y bajo la mirada de Jordan y principalmente Nick (el pobre siempre está allí de mal tercio). A todo esto, Tom tiene una amante,Myrtley, la esposa de George Wilson, dueño de un taller mecánico donde Tom asiste seguido.

Pero un día todo explota. Porque Tom se da cuenta de la relación de Gatsby y Daisy. Gatsby insiste en que Daisy sólo lo ama a él y que siempre ha sido así, pero ella es incapaz de aceptar eso. Tom revela partes del oscuro pasado de Gatsby y Daisy queda completamente confundida sobre qué hacer.


Después de Jane Eyre y Cumbres Borrascosas, jamás me había sentido una conexión tan profunda con un libro como con El Gran Gatsby, Gatsby me partió el corazón y me identificó en niveles casi espirituales (sí, así de intenso fue su impacto en mí).

La belleza de la narración. Oh por Dios, ¡qué narración! A pesar de su extensión (porque es muy corto), en su brevedad muestra una maestría increíble al momento de describir imágenes, sensaciones y personajes, cada frase que Fitzgerald colocó a lo largo del libro tuvo un efecto intenso, hipnótico. Sentí ese calor insoportable del cual Daisy siempre se quejaba, o la brisa que movía las cortinas del salón, la grandeza de las fiestas y hasta el dolor que Gatsby guardaba. Al principio me pareció esto pesado, pero después fue eso lo que más me encantaba.

He leído que lo más difícil de El Gran Gatsby es conectar con alguno de los personajes, porque no todos llegan a caer bien. En mi caso no fue tanto así, sino que me costó conocer los personajes hasta bien entrada la obra.  Nick, Jordan, Tom y Myrtle los descubrí rápidamente, sin problemas (hasta simpaticé con Jordan por su simpleza y que era tan relajada) pero Daisy y Gatsby fue todo un laberinto para mí. Saber quien era Daisy, si amaba o no a Gatsby o porque actuaba fue mi mayor reto. Y casi al final encontré esta frase:

“Y todo el tiempo algo dentro de ella clamaba por una decisión. Quería que su vida quedara definida ahora, ya mismo; y la decisión debía tomarse por medio de alguna fuerza”.

Es que allí grita DAISY DAISY DAISY DAISY. Esto es Daisy Buchanan para mí. Alguien que buscaba vivir con todo resuelto, dejando de lado todo y todos los demás. Justamente como su esposo, Tom. A Daisy no le importaba lo que la rodeaba, sino que ella misma y Tom es el reflejo de ella.

Recuerdo estar hablando con mi hermano respecto a que movió a Gatsby a actuar como lo hacía… Según él, Gatsby actuó por amor y el amor que tenía por Daisy era verdadero. Tal vez esto sea cierto, era amor verdadero pero sólo de Gatsby a Daisy, porque ella nada que ver y eso es lo que desbalancea este amor verdadero. El problema es que Gatsby no aprendió a perder y buscó en el poder y la riqueza excusas para atraer de regreso a Daisy, pero ya era tarde. La tuvo un momento, pero un momento no es suficiente. Incluso leyendo un poema hace poco encontré un verso  de Raúl Contreras que me recordó a Gatsby:

“Quietud… para ignorar que mi tristeza

es la alegría que arribó muy tarde”. 

No me molestó el final (cosa que a mi hermano no le gustó), sino que fue lo que más me gustó porque fue inesperado y tan bien pensado y ejecutado, es como si Fitzgerald sabía exactamente que reacciones provocar y construyó alrededor de eso uno de los mejores finales que he leído. Puede parecer frustrante al principio el saber como termina todo, pero creo que era lo mejor y lo que hizo más emblemático este libro para mí. Además, siendo un poco cruel, Gatsby solo tenía dos opciones: morir o superar a Daisy. Y creo que ya sabemos cual era la opción más fácil.

Discutí también con mi amiga sobre este libro y concluimos que en cierto sentido Gatsby es como un Heathcliff más realista. La idea del héroe villanizado que deja a la joven, sin embargo vuelve y encuentra que ella ya tiene su vida resualta con otro… y aún así queda la mínima esperanza de volver a tenerla con la única (pero poderosa) excusa de haber sido su primer amor, el que ha marcado su vida. Pero a veces marcar la vida de alguien no es suficiente. Y Gatsby prueba eso.

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Mi edición 🙂