Mujercitas y mi segunda infancia

Siempre que alguien me pregunta con qué libro me inicié en el hábito de la lectura, siempre les menciono los libros de la colección El Barco de Vapor. Mi escuela tenía un sistema en que nos daba un libro a cada alumno del salón y la dinámica era que al terminar el libro lo intercambiaras con un compañero y así. Y si habías leído muchos podrías tener puntos extra. Recuerdo cuando anoté el último libro que leí, El Duende a Rayas. Era finales de septiembre y ya había leído 25 libros en lo que iba del año. Aún me sorprendo de como es que logré leer tanto cuando yo no consideraba aún a la lectura como algo de impacto en mi vida.

El recuerdo de aquellos libros con ilustraciones, portadas coloridas y papeles brillantes es muy grato para mí. Viví mi infancia en esos libros que, sin que yo me diera cuenta, me estaban conduciendo a este hermoso e interminable mundo de la literatura.

Y como ahora es día del niño en mi país, vino a mí la reflexión de como tuve dos infancias en la literatura. La primera es esa de la que hablé, la infancia que estuvo acompañada por mis entrañables libros de El Barco de Vapor. La segunda, que la viví cuando estaba en los últimos años de mi adolescencia, es con un solo libro: Mujercitas.

Hace poco comentaba con alguien sobre porqué Mujercitas me gusta tanto. Esto me hizo reflexionar en como su lectura fue para mí una segunda infancia, pues gracias a su lectura es que me inicié de lleno en la lectura de los clásicos.

Había leído todos los clásicos que se me imponían en el bachillerato y en la escuela de letras –al mismo tiempo. Los leía, los analizaba como mis maestros querían y desde los 13 hasta los 18 todas mis lecturas de clásicos habían sido por imposición, no decisión personal. Y fue de mucha ayuda, pues quiérase o no me formaron un criterio y, porque no decirlo, un gusto literario. El problema fue cuando entré a la universidad y me topé con la realidad. Ahora debía yo escoger mis lecturas.

Mi primer acercamiento a Mujercitas fue a los 14 años, cuando mi mejor amiga de aquellos años y yo compramos una edición resumida y llena de ilustraciones de el libro, sólo porque valía menos de 2 dólares. La historia me encantó, aunque sentía que debía ser más larga.

Y varios años después, caminando entre los puestos de una feria de libro en mi ciudad, vi una edición íntegra de Mujercitas. De El Barco de Vapor. Al fin me enfrentaba al verdadero libro. Tenía 18 años, estaba iniciando una nueva etapa en mi vida y estaba dispuesta a escoger YO mis futuras lecturas.

Y aquí es donde entró Mujercitas. La narración de la vida de 4 hermanas cuyo padre está en la guerra y que se les hace muy difícil el poder vivir cómodamente (y aún así logran tener momentos divertidos y felices) me impactó tanto, pues en un clásico de la literatura encontré lo que creo yo todo adolescente anda buscando en cierto punto de su vida: identificarse con alguien.

Cuando leo reseñas de libros juveniles casi siempre me topo con que les gusta la lectura porque se logran identificar con uno de los personajes. Pues esto pasa en los clásicos también. La cosa es que no se puede entrar a los clásicos de un solo, sino que al ritmo que cada uno tenemos. Yo encontré mi ritmo con las narraciones de Louisa May Alcott y su Mujercitas. Y ha sido una larga cadena de libros y autores que me han llevado a tener las lecturas que hoy tengo.

Mi infancia en los clásicos fue de Alcott. Pasé luego a un crecimiento de muchos autores, experimentos y lecturas diferentes, tomando siempre en cuenta que fueran clásicos, pero que siguieran mi ritmo. Y así me la he pasado probando, saboreando y explorando nuevos autores.

Y mi yo adolescente se encontró a sí misma en dos personajes al tiempo que comenzaba a dar sus primeros en los clásicos (los cuales ahora son mi vida, por cursi que parezca).


La quinceañera con sueños de escritora, cuyo pasatiempo era devorar libros y siempre estar activa. Y la frágil niña que ama estar en casa y pasar en familia, encontrando diversión en las cosas más simples y pequeñas de la vida. Jo y Beth.

Comentaba con mi amigo que la razón por la cual yo me identificaba con Jo es porque ella era mi ideal de cómo quería ser yo: decidida, necia, luchadora y buscando siempre su sueño de dedicarse a la literatura. Sí, Josephine March, con su castillo en el aire y sus palabras que aún hacen eco en mí:

Tendría un establo lleno de caballos árabes, salas atestadas de libros y escribiría con un tintero mágico, que hiciera tan famosos mis trabajos como la música de Laurie. Antes de entrar en mi castillo, desearía hacer algo admirable que no se olvidara después de mi muerte. No sé lo que será, pero lo espero y algún día pienso sorprenderlos. Creo que escribiré libros para hacerme célebre y rica.; eso concuerda conmigo, de modo que es mi sueño favorito.

Y más aún al conocer a la Jo de Aquellas Mujercitas, la que se siente atrapada y necesita salir al mundo, sin temor al cambio, a cosas nuevas:

Creo que mejoraría con el cambio. Voy a ver y oír cosas nuevas, y aún si allí no tuviese mucho tiempo para escribir, a mi vuelta traería montones de materiales para mis “tonterías”.

Experimentar, crecer, caerse, levantarse. Aceptar que ya aquella infancia llena de aventuras sencillas se terminan pues algo dentro hace querer buscar más, conocer más.

Pero luego está mi otro lado. Quizás a veces perceptible sólo para mí. Mi lado de Beth. La frágil niña que quiere estar siempre con su familia. Cuyo castillo en el aire es tan simple, pero hermoso:

El mío es quedarme tranquilamente en casa con papá y mamá y ayudar en el cuidado de la familia.

Jo y Beth son tan diferentes… Pero en ambas encuentro rastros de mi infancia. Y este día del niño lo mejor es disfrutarlo con el libro que nos hace sentir eso, ser un niño. El mío es y siempre será mi Mujercitas.

Pero la vida que yo anhelaba entonces me parece egoísta, fría y solitaria. Todavía no he renunciado a la esperanza de que algún día escriba un buen libro, pero estoy dispuesta a esperar y segura de que voy a salir ganando con experiencias y ejemplos como estos.

Jo March

Anuncios

Book Tag: Los derechos del lector

¡Hola! Me encantan los book tags pero nunca encuentro alguno que me guste para publicar acá (la mayoría los hago en en mi tumblr) pero hoy tuve suerte 🙂

Encontré este book tag en el blog Books for Fly mientras buscaba book tags interesantes y este me encantó porque me hizo pensar mucho en mis lecturas y ver lo variadas que tienden a ser en ocasiones.

  1. EL DERECHO A NO LEER: Un libro que no hayas leído pero que su adaptación cinematográfica te encante.

Guerra y Paz, de Leo Tolstói. Vi la adaptación que hizo la BBC en una clase el año pasado. Dios mío. Todo, absolutamente TODO me encantó. Recuerdo que todos mis compañeros suspiraban en esas escenas de los bailes o cuando aparecían esas escenas tan impresionantes de la guerra. Y los vestuarios, las locaciones, los actores… Ay, simplemente quedé fascinada. Espero leer el libro pronto, pero como que esa cantidad de páginas me tiene algo asustada aún ja, ja, ja.

  1. EL DERECHO A SALTARSE PÁGINAS: Un libro que hayas leído sólo buscando lo interesante.

El Amante de Lady Chatterley, por D. H. Lawrence. Mi reciente lectura finalizada. Lo leí sólo por andar buscando el morbo, que estaba allí pero no me bastó porque el resto del libro me desesperaba. Y no me salté páginas, lo leí todo, sin embargo considero que las partes que no me gustaron fueron como páginas que debí haber saltado. Pueden leer mi ataque reseña por este libro aquí.

  1. EL DERECHO A NO TERMINAR EL LIBRO: Un libro que hayas dejado a medias.

Fangirl, de Rainbow Rowell. NO NO NO. Yo de inocente siempre intento darle oportunidades a los Young Adult… pero estos libros nunca me llenan. Comencé a leer Fangirl porque todo los blogs de libros en tumblr parecían amarlo y siempre que entraba a mi tumblr veía mi dashboard lleno de fotos de todas las ediciones habidas y por haber de Fangirl. Leí como dos capítulos y nahh, no es mi tipo de lecturas.

  1. EL DERECHO A RELEER: Un libro que hayas releído varias veces.

Historias de los Señores Moc y Poc, de Luis Pescetti. Es tan encantador, siempre me mata de la risa leer los diálogos de Moc y Poc y cada que puedo le recomiendo a alguien este libro porque es tan fácil quedar enganchado y querer volver a él. ¡Como quisiera tener unos amigos como ellos dos, son divertidísimos!

  1. EL DERECHO A LEER CUALQUIER COSA: Un libro con no muy buena reputación que hayas leído y te haya gustado.

After, de Anna Todd. Lo sé, es un libro deplorable, pero me voy a explicar. Cuando Anna no era más que otra más en twitter a quien llamábamos imaginator1D me daba curiosidad ver como todas hablaban de After y que este fanfic es bueno, bla, bla, bla. Y yo busqué el tan afamado fanfic en Wattpad y me leí los cientos de capítulos en un par de días. Lo leí cuando Anna Todd ni soñaba con que se publicaría. En mi defensa, siempre que leo un fanfic llego sólo por pasar el rato, algo casual (como irse a comer una hamburguesa un domingo en la tarde porque estás aburridísimo en casa) que sé que no llenará las expectativas que busco en un libro. Así que me leí el bendito fanfic. Ni siquiera he intentado comprar los libros, prefiero pensar que After sólo vive en Wattpad y no en una librería (donde NO pertenece).

  1. EL DERECHO AL BOVARISMO: Un libro con el que hayas “fangirleado” demasiado en tu juventud.

Cenizas de Izalco, de Claribel Alegría y Darwin Flakoll. Oh, aquellos años en mi escuela, cuando nos dejaron leer este libro en clase de Lenguaje y Literatura. Todas mis compañeras y yo suspirando por Frank Wolf. Ese amor prohibido que todas queríamos. La escena en que Isabel por fin se entrega a Frank. Los sonrojos de mis amigas quinceañeras cuando discutíamos la importancia de que Isabel dejara al esposo y se fuera con Frank porque era más apuesto, más aventurero e interesante.

  1. EL DERECHO A LEER EN CUALQUIER LUGAR: El lugar más extraño o peligroso en el que hayas leído alguna vez.

Un sábado de inicios de agosto pasado iba en el bus rumbo a la capital a ver a alguien que quiero mucho y los buses iban llenísimos y pues ya iba tarde… Me subí al bus, me fui parada por una hora y media y me iba sosteniendo con una mano y en la otra llevaba lo que iba releyendo: La Abadía de Northanger, de Jane Austen. Cuando llegué a mi destino me dolían mucho los brazos ja, ja, ja.

  1. EL DERECHO A HOJEAR: Un libro al que hojees constantemente.

Jane Eyre, de Charlotte Brontë. Hay tardes en las que lo único que quiero hacer es hojear mis partes favoritas de Jane Eyre. Aunque el libro es tan bueno que puedo hojear cualquier parte y sé que siempre SIEMPRE quedaré satisfecha.

  1. EL DERECHO A LEER EN VOZ ALTA: Un libro que en un futuro te gustaría leer en voz alta a tus hijos.

Tierra de Infancia, de Claudia Lars. Tengo una laaaarga lista de libros que pienso leerles a mis hijos (desde que me dé cuenta que estoy embarazada). Me costó bastante encontrar un libro en específico porque parte de las razones por las cuales quiero ser madre es poder leerle a un ser y formarle el hábito de la lectura. Y hay un libro en este país que en verdad muero por leerle a un pequeño ser nacido de mis entrañas. Y ese es Tierra de Infancia. Fue el primer libro que compré por voluntad propia y con dinero que había ahorrado. Tenía como 12 años creo. Y fue la mejor compra que haya hecho en mi vida.

  1. EL DERECHO A CALLARNOS: Un libro que no sepas (ni quieras) explicar por qué te gusta tanto.

El Extranjero, de Albert Camus. LO AMO. En serio, lo amo. Simplemente.


Ese fue el book tag de hoy. Ya me hacía falta hacer uno, me encantó!!

RESEÑA: El Amante de Lady Chatterley, por D. H. Lawrence

…y ese sentimiento de soledad en un ser tan puramente solo, la trastornaba. Desnudez perfecta, pura, solitaria, de un ser que vive solo y solo también en sí mismo. Y, aún más todavía, la belleza de un ser puro, ni siquiera el cuerpo de la belleza, sino de una irradiación, la llama cálida, blanca, de una vida solitaria revelada en contornos que uno podía tocar: ¡un cuerpo!…

El-amante-de-lady-Chatterley-BOLSILLO_libro_image_big

Cuando tenía quince años y comenzaba a leer los clásicos por diversión (sí, son divertidos SIEMPRE), me topé con este libro. No me recuerdo muy bien cómo es que supe de él, quizás el nombre me dio morbo (y si el nombre me da morbo es obvio que iré a hojearlo). Leí algunos capítulos al azar, sin ningún orden en específico y los pocos párrafos que leí en verdad me gustaron pero me daba  miedo toparme con las escenas sexuales del libro (oh… los tontos prejuicios que solía tener).

Así que mi “moralidad” (pufff…) me hizo ponerlo a un lado y esperar a hasta sentirme de verdad lista para leerlo otra vez.

Ocho años después me encontré con él en una librería y lo compré para ver cómo podía manejar aquello que no podía en el pasado.

Y estoy decepcionada…


Constance, una joven que fue criada en una sociedad muy rígida de principios del siglo XX, pero con la particularidad de crecer dentro de una familia muy liberal. Ella, luego de tener varias aventuras durante su juventud, se casa con un rico heredero, Sir Clifford. Éste se la lleva a vivir al pueblo de Tavershall, en los midlands ingleses. Se mudan a este pueblo tan gris y triste, que depende básicamente de la producción minera, donde ellos son quizás los más adinerados y quienes viven el majestuoso castillo de Wragby. Luego de un breve tiempo de casados, Sir Clifford parte a la guerra, de donde regresa inválido. Y aquí comienza el suplicio de Lady Chatterley, quien guarda tantos deseos de algo más (lo que yo entendí como deseos sexuales) y se ve estancada en el hecho de estar casada con alguien que no puede satisfacerle esas necesidades. Y allí es donde entra Mellors, guardabosque de Wragby. Al inicio no se soportan entre ellos, sin embargo la atracción pronto surge en ellos y no pueden evitarla.


Okay… Esta vez las escenas sexuales no fueron ningún problema para mí (¿está mal que piense que me parecieron aburridas?), sólo eran un elemento más del libro. La cosa es que vine al libro con aquello de que esta es una novela erótica y que el sexo debe ser el tema en el cual giren todos los elementos de la historia pero yo simplemente no lo vi así. Me pareció que tomaba más protagonismo el pueblo de Tavershall (con sus minas, sus gentes grises y los cielos nublados) y que la relación de Constance con Mellors era sólo la parte escandalosa, por así decirlo, de la historia.

Es que este libro no lo disfruté en ningún momento. Fue casi tortuoso. Al principio me justificaba diciendo que era porque ninguno de los personajes me caía bien, pero luego recordé que eso me había pasado cuando comencé a leer El Gran Gatsby, así que eso no era una buena excusa. Y es gracioso porque cuando hojeé el libro a los quince años me llegaron a agradar Lady Chatterley y Clifford pero ahora los dos me molestaban tanto. Quizás, ahora que lo pienso, debo resaltar al maravilloso y pícaro padre de Lady Chatterley:

–Y bien, amigo mío. ¿Y mi hija?
La mofa apareció en el rostro de Mellors.
–Y bien, señor. ¿Y su hija?
–¡Usted la poseyó y le hizo un hijo!
–¿Tuve ese honor?…
–¡Honor!… ¡Dios!
Sir Malcolm soltó una breve carcajada de escocés lúbrico.
–¡Honor! –repitió–. ¿Y cómo fue eso, el amor? ¿Bien, verdad?
–Muy bien.
–Pondría mi mano en el fuego. Mi hija es de raza. Yo tampoco me arrepentí nunca de una buena fornicación.

Esa escena, casi al final del libro, me hizo estallar de risa y encontrar esperanza en terminar el libro aunque sea con una buena experiencia. Pues iba a mitad del libro, esperando ser capturada por algo, cualquier cosa, y cuando ya estaba por terminarlo me di cuenta que todas mis expectativas ya estaban por el suelo.

No sé si está mal que piense que le dan mucho morbo al libro cuando no es para tanto… Sí, hay varias escenas sexuales, lenguaje muy explícito y descripciones terriblemente gráficas, pero duran a lo mucho 4 páginas cada una. Pero ya me imagino el escándalo que hubo el siglo pasado cuando leyeron ese par de escenas sexuales. Pero en este tiempo donde ya casi nada nos impresiona es gracioso pensar en esa polémica. Pues cuando te la pasas leyendo capítulos completos sobre lo aburrida que está la Chatterley en Wragby y los sueños absurdos de Clifford de querer sea escritor o minero (o sus interminables quejas) te olvidas que estás leyendo una novela cuya portada tiene una mujer desnuda y que es reconocida como una novela erótica. Eso sí, me contextualizaron muy bien con eso del pueblo de Tavershall y la solemnidad de Wragby. Y vaya que sí sentí el tedio en el que vivía la Chatterley.
Lo que hay que amar y SE DEBE leer es el prefacio del autor. Me encantó. Las mejores 5 páginas que contenía este libro.

Y hay libros que gustan y otros que no. Y no es que este libro sea malo, es que no era para mí.

Lo que sí estoy esperando es ver la adaptación que la BBC está produciendo. La BBC nunca me deja decepcionada.

Recuerdo que me mantuve leyéndolo, torturándome a mí misma, porque se lo iba contando a alguien a quien quiero mucho. Y cada vez que avanzaba en la historia le contaba que había pasado. Cuando lo terminé, justo al leer la última palabra, le llamé para contarle lo decepcionada que estaba y mis impresiones generales. Fue el ansia de contarle que pasaba en el libro lo que me impulsó a terminarlo, no porque en serio lo hubiese dejado reposar otros ocho años más.

RESEÑA: El Amor en los Tiempos del Cólera, por Gabriel García Márquez

Pero aquella tarde se preguntó con su infinita capacidad de ilusión si una indiferencia tan encarnizada no sería subterfugio para disimular un tormento de amor.

P89245A.jpgDespués de haber leído Del Amor y otros Demonios, me quedaron ganas de seguir leyendo a Márquez y una de mis amigas siempre hablaba de El Amor en los Tiempos del Cólera así que escogí este libro como mi próxima lectura. Pero me la he pasado meses con él: desde septiembre 2014. Y creo que jamás me había tardado tanto en leer un libro, y no era que no me gustase, sino que me aparecían demasiados obstáculos para leerlo, lo comencé a leer en ePub pero mi reader se arruinó y tuve que suspender la lectura y hasta que regresé a clases lo encontré en la universidad. Pero vale la pena.


El Amor en los Tiempos del Cólera trata sobre el amor casi que obsesivo que Florentino Ariza tiene por Fermina Daza. La conoció cuando ella tenía 13 años y él 18. Desde que la vio, sentada dando lecciones a su tía Escolástica, quedó totalmente enamorado de ella. Para siempre. Comienza a buscarla para declararle su amor, se la pasa sentado frente al parque de su casa para verla pasar cuando va al colegio, le manda cartas… a Fermina esto le era indiferente, hasta que finalmente acepta todo y se enamora de Florentino también.

Nunca supo en qué momento la diversión se le convirtió en ansiedad, y la sangre se le volvía de espuma por la urgencia de verlo, y una noche despertó despavorida porque lo vio mirándola en la oscuridad a los pies de la cama.

Pero el padre de Fermina se da cuenta de esto y se la lleva lejos. Y al volver, ya casi una adulta, se encuentra otra vez a Florentino y al verlo todo aquel amor se convierte en desilusión y decide terminar con él. Florentino, casi muriendo del dolor, se entera poco después que Fermina se casa con el adinerado doctor Juvenal Urbino. Él esta al borde de la desesperación, su madre piensa que tiene cólera cuando en realidad él está sufriendo por amor.

Florentino entonces decide esperar a que algún día estará finalmente con Fermina, pero en esta su espera se la pasa teniendo amoríos con cuanta mujer se los acepta. No ve esto como forma de infidelidad a Fermina, porque su esperanza en estar casado sigue siendo con ella. Pasan los años y Florentino se acuesta con cientos de mujeres durante los 53 años, 11 meses y 7 días que esperó a que Fermina Daza quedara viuda. Al morir el doctor Urbino, Florentino se presenta en la casa de Fermina cuando aún hay flores del funeral de su esposo y le confiesa su amor fiel que ha sobrevivido a tantos años.


El libro fue mejor de lo que esperaba. Lo que amo de Márquez es que él siempre tiene la capacidad de capturarme desde el inicio (cosa que casi nunca me sucede con otros libros, pues es frecuente que me cueste introducirme en una historia). Él siempre toma lo más mínimo e inimaginable y me lleva poco a poco hasta un momento en que ya estaba tan dentro de la novela que no podía parar. Siempre tomo en cuenta el que una historia me haga sentir el escenario, los olores, el clima… y aquí pude sentir eso, porque fácilmente me transportaba a esos climas calurosos e insoportables que envolvían cada suceso. Al igual que en Del Amor y otros Demonios, acá el clima se sentía, no sólo se leía.

Algo que particularmente me llamó la atención fue el tiempo dentro de la novela. Al principio no sabía como iba a llevar el hilo de la historia entre tantos años y tantos personajes, sin embargo me sorprendí cuando ya había leído buena parte de la trama y no había sentido brusco los cambios del tiempo, la historia fluye fácilmente y el paso de los años no era un elemento que fuese chocante.

Creo que en Fermina jamás pude encontrar que los años cambiaran su personalidad (esto porque la obra en sí era mayormente enfocada a Florentino), la encontraba con su misma actitud muy realista que mantenía desde temprana edad. En cambio en Florentino sí percibía ciertos cambios, sí estaba completamente obsesionado con Fermina y aunque pasaran años y años él guardaba los mismos anhelos, pero definitivamente al llegar al final sí tenía cambios más notorios (ya había en él algo de autocontrol, además de comprensión ante las reacciones de Fermina).8a597b5067410d596edda97b7432e911

Acepto las decisiones de Fermina, que aunque rompió el corazón de Florentino, fueron acertadas para el tiempo y la sociedad en que vivía. No era conveniente que ella continuara una relación con alguien que sólo le provocaba compasión, al final se la iba a pasar arrepentida y enojada con la vida. Como ella escogió llevar su vida, con quién decidió casarse y como se mantuvo al margen de su pasado con Florentino me pareció lo ideal, pues ella logró llegar a estar conforme y feliz con su vida.

En cambio Florentino, caso perdido… eterno romántico y enamorado, me la pasé la mayor parte de la novela preguntándome como es que aún no había muerto de amor si tanto que esperaba y guardaba en su corazón era suficiente para morir. Su vida, concentrada en un sólo objetivo, me recordó como muchos se enfocan en querer solo algo y solo ese algo en la vida y que parezca imposible vivir sin ello, pero hey, Florentino sobrevivió medio siglo sin tener a Fermina y creo que hasta hubiese muerto sin haberla tenido, pero el estar tan enfocado en lograr estar con ella fue lo que lo mantuvo vivo. Como si la ilusión fuera lo que necesitara, no el premio. Logró vivir a su manera, no fue nada monótona y se la pasó con un montón de mujeres, pero sobrevivió.

Enero Book Tag (Taylor Swift Tag)

e25707a001bbfe841e2e6513fc446599

Último día del mes y al fin hago el book tag de enero. Esta vez voy a hacer un booktag que vi en la comunidad de booktubers y que me encantó. Es el Taylor Swift Book Tag, que básicamente consiste en relacionar libros con canciones de Taylor Swift y quise hacerlo este mes por varias razones: primero porque vi que casi todos hacen este booktag con libros juveniles y quiero hacerlo con clásicos y segundo porque amo incondicionalmente a Taylor Swift (placer culposo).

1. We are Never Ever Getting Back Together: Un libro que amé al principio pero que luego terminé odiando.

Esto me pasó con Hombrecitos, de Louisa May Alcott. Al principio de la obra me gustó, todo iba normal y el ambiente en general era soportable… Hasta que llegó Teddy a visitar a Jo… Yo siempre he sido partidaria de que Teddy y Jo debían estar juntos, por eso terminé odiando Hombrecitos porque la relación de ellos se mantenía pero esta vez ya no había esperanza que estuvieran juntos.

2. Red: un libro color rojo

libro-rojo

Tengo estos libros que los compré y sus portadas estaban muy dañadas y por eso decidí restaurarlos con un papel precioso que encontré. Fueron alrededor de cinco libros los que arreglé. El que sostengo en la foto es La Princesa de Cléves, de Madame de la Fayette.

3. The Best Day: Un libro que te haga sentir nostálgico.

Significó mucho para mí su lectura, por eso esta vez es El Gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald. Lo leí en un momento que se repite y se repite en mi mente y cada vez que leo el libro entra la nostalgia en mí. Incluso escribir su reseña fue muy doloroso. Por eso sólo ver el libro me trae mil recuerdos.

4. Love Story: Una historia de amor verdadero.

Actualmente estoy releyendo Persuasión, de Jane Austen y para mí ésta es una historia de amor, porque Anne y el Capitán Wentworth pasan separados por ocho años y a pesar de todo ellos dejaron de lado los errores de Anne al no aceptarlo ocho años atrás y la forma cruel en que él actuaba cuando regreso y decidieron estar finalmente juntos. Además ver el sufrimiento de Anne a lo largo del libro me dolió inmensamente.

5. I Knew You Were Trouble: Un personaje malo al que no puedas evitar amar.

HEATHCLIFF MY BOY. Mi “malo” es Heathcliff, de Cumbres Borrascosas, por Emily Brontë. Yo amo a este tipo. Lo amo con toda el alma. Es tan cruel y tan malo pero al mismo tiempo yo sólo quiero abrazarlo y envolverlo.

6. Innocent: un libro que me arruinaron el final.

Estuve leyendo El Amor en los Tiempos del Cólera y cuando lo fui a prestar a la biblioteca y leí el prólogo… vi que decía como terminaba… Me enojó.

7. Everything has Changed: un personaje que evoluciona mucho a lo largo de la historia

Acabo de escribir sobre este personaje. Rosita, de Doña Rosita la Soltera o El Lenguaje de las Flores. Increíble, simple y sencillamente. Cambia radicalmente de un acto a otro y al final es alguien completamente diferente.

8. You Belong with Me: Un libro que estés ansioso por tener.

Un amigo muy cercano prometió darme una The Collected Poems de Sylvia Plath (editados por Ted Hughes) y yo estoy desesperada por tener en mis manos ese libro desde que en este año me he vuelto obsesiva con la Plath.

9. Forever and Always: Pareja literaria favorita

Emma Woodhouse y Mr. Knightley, de Emma, de Jane Austen. Me encanta que eran como dos amigos unidos que se molestaban continuamente y se hacen reír y que todos TODOS sabemos que deben terminar juntos porque son tan diferentes que son perfectos el uno para el otro.

10. Come Back… Be Here: Un libro que no te gusta prestar porque lo extrañarías mucho

Mi edición de Mujercitas, de Louisa May Alcott. Jamás lo prestaría porque ocupa un lugar especial en mí, fue mi mamá quien me lo regaló y la edición que tengo me encanta.

11. Shake it Off: un libro que todos odian pero que a tí te gusta de todos modos.

Cuando llevaba Literatura II en la universidad nos enseñaron sobre los romances españoles. A nadie le gustaba, solo a mí. Y me compré el Romancero, que es una recopilación de los romances españoles más famosos. Y me gusta aún. Haters gonna hate, hate, hate.

12. Style: un libro que nunca pasa de moda.

En este caso siempre digo Orgullo y Prejuicio de Jane Austen. Nada más. El libro habla por sí solo.

RESEÑA: Doña Rosita la Soltera o El lenguaje de las flores, de Federico García Lorca

Pero esto de mi Rosita es lo peor. Es querer y no encontrar el cuerpo; es llorar y no saber por quién se llora; es suspirar por alguien que uno sabe que no merece los suspiros”

imagenMe es imposible no amar a Federico García Lorca. Desde que estaba en la escuela y me dejaban sus obras yo quedaba fascinada. Doña Rosita la Soltera es mi favorita y hace poco la volví a leer.

Tengo una edición de Alianza Editorial que además de tener Doña Rosita también tiene el primer acto de Los Sueños de mi prima Aurelia, una introducción muy completa, entrevistas y declaraciones de Lorca y un epílogo. Es una edición muy completa y me dejó muy satisfecha su compra. Además el tamaño el libro me deja cargarlo por todos lados.

*Alerta de spoiler desde ya*


Doña Rosita la Soltera o El Lenguaje de las Flores trata sobre Rosita, una huérfana que vive junto con sus tíos y el ama y que está comprometida con su primo. Pero un día el primo llega a decirle a Rosita que tiene que partir lejos a encargarse de las tierras de su padre, pero promete volver para así casarse con Rosita e irse con ella.

Pasan quince años y el primo no ha vuelto y aún así Rosita sigue con la esperanza de que volverá e incluso le llega una carta de él notificándole que ya no puede esperar más a casarse con ella y que por tanto se casaran  por poderes. Y para desdicha de Rosita pasan diez años y su prometido no ha regresado, sino que se casó con otra. Y ya aventejada, con casi medio siglo encima y las ilusiones de ser amada ya en el olvido, a Rosita no le queda más que aceptar su vida y resignarse a su realidad.


Esta historia la puedo leer y volver a leer y siempre me deja la misma sensación de satisfacción. Escartell-teatre tan hermosa y hay tanta poesía en ella que es inevitable no enamorarse de los personajes. La primera vez que la leí me quedó nada más el impacto de la historia, porque la leí demasiado rápido y no alcancé a generar mi análisis propio, pero hay tres cosas en las cuáles me fijé más en esta última lectura y que son en las que me quiero deterner más. Primero hay una cuestion en Doña Rosita la Soltera que noté esta vez y es que cada acto es como una cuesta, inicia con una situación ordinaria (las semillas perdidas, los adelantos y novedades del siglo, la discusión de la edad del ama y la tía) y continúa así con situaciones un poco más complicadas (la discusión del sobrino con la tía, la visita de las solteronas y las de Ayola, Rosita quejándose de su desgracia) hasta llegar a un punto fuerte en la historia, una situación que marca el ritmo y que corta todo (el primo despidiéndose de Rosita, la celebración de la noticia de la próxima boda de Rosita, la partida de la casa). Sentí que cada acto me llevaba subiendo y subiendo más hasta llegar al punto más alto del cual no se salía. Pero en sí el conjunto de actos fue al contrario, porque en lugar de subir sentí como caía: inicia la alegría, la sencillez y hasta cursilería del primer acto, descendemos a los sentimientos mezclados de incertidumbre y esperanza en el acto dos y terminamos con la resignación y el dolor en el acto tres. Sigue exactamente la línea que sigue el poema que Rosita y sus tíos recitan constantemente, el de la rosa mutabile:

Cuando se abre en la mañana

roja como sangre está;

el rocío no la toca

porque se teme quemar.

Abierta en el mediodía,

es dura como el coral;

el sol se asoma a los vidrios

para verla relumbrar.

Cuando en las ramas empiezan

los pájaros a cantar

y se desmaya la tarde

en las violetas del mar,

se pone blanca, como blanco

de una mejilla de sal.

Y cuando la noche toca

blando cuerno de metal,

y las estrellas avanzan

mientras los aires se van,

en la raya de lo oscuro

se comienza a deshojar…

El poema (que ughhh lo amo, simplemente me hace temblar porque es precioso) lleva el ritmo de la historia además de representar la vida de Rosita. Y ya hablando de Rosita entro a otro punto, los personajes. Esta vez me fijé particularmente en Rosita, las Manolas, las Solteronas y las Ayola. Cada grupo son un tipo distinto de amiga y representan diferentes personalidades. Por un lado tenemos las Manolas, quienes aparecen en el primer acto y a quienes Rosita les pregunta sobre los rumores de novios que ellas tienen, las Manolas lo niegan pero al final lo aceptan (de forma tan imperceptible que da risa). Las Solteronas son tres muchachas que aparecen en el segundo acto, su padre falleció y las dejó sin nada de dinero pero aún así gastan en cosas superficiales para guardar las apariencias. Ellas parecen casi resignadas al hecho que nunca se casaran, pero aún así siguen presumiendo y guardando las apariencias. Las Ayola son quizás las más jóvenes pero las más atrevidas, hijas del “fotógrafo de Su Majestad” obviamente tienen dinero y se la pasan criticando y molestando a las Solteronas. Y me encanta el comentario que una de las Ayola hace:

¡Ay! ¡Y si soy amiga de Rosita es porque sé que tiene novio! Las mujeres sin novio están pochas,

recocidas y todas ellas… Bueno, todas, no; algunas de ellas… En fin, ¡todas están rabiadas!

Y Rosita… Rosita es un personaje tan liviano y a quien se le toma cariño tan fácilmente. La esperanza que Rosita mantiene a través de los primeros actos causa sentimientos encontrados porque bien se siente que el primo no regresará (quince años esperando… o sea, ¡NO!) pero aún así su tranquilidad ante la situación me causó ternura y verla triste, consumida y con las esperanzas muertas en el último acto fue impactante.

CYMERA_20140504_183230

Mi edición 🙂

“Todo está acabado… y, sin embargo, con toda la ilusión perdida, me acuesto, y me levanto con el más terrible de los sentimientos, que es el sentimiento de tener la esperanza muerta. Quiero huir, quiero no ver, quiero quedarme serena, vacía…”


Hay tanta poesía entre cada acto y yo vi esa poesía como el escudo que acoge a Rosita, que tiene que evolucionar a la fuerza, crecer deseando lo que le fue asegurado pero no entregado, pasar de ser la “niña” a la “doña”… y aún así ella está envuelta en la magia de la candidez y la ilusión, que la consumen y la transforman.

Diciembre Book Tag

VP321A

Continuando con los book tag de The Classics Club, este mes la pregunta es súper interesante. ¡Hablemos de infancia y literatura pues!

THE CLASSICS CLUB: “¡Hablemos de clásicos infantiles! ¿Leíste alguna obra clásica cuando eras niño? ¿Cuáles eran tus favoritos? Si no ¿has leído o leerías algún clásico literario infantil en el futuro? (Sabemos que algunos niños a veces leen al nivel de los adultos, siéntete libre de compartir clásicos o clásicos infantiles que atesoras de tu niñez o clásicos infantiles de los cuales recientemente te has enamorado)”

De niña recuerdo haber leído muchos los libros infantiles de El Barco de Vapor, pero nunca un clásico infantil. A los 10 años recuerdo haber leído un libro de Robert Louis Stevenson que fue quizás uno de los que más marcaron mi vida literaria. Fue “El Diablo de la Botella”. El libro era de mi hermano y él me lo prestó y fue una obra que me encantó. El tema quizás no era ideal para una niña de 10 años pero me capturó la narración desde un inicio y sufrí la desesperación de saber que iba a pasar con esa botella y porque él siempre la compraba y porque alguien simplemente no la tiraba dentro de un volcán así iba directo al infierno donde la pobre botella iba a estar tranquila (mi pobre inocencia no entendía que era imposible, que aún así regresaría porque esa era su misión ja, ja, ja).

Recuerdo que lo leí en la escuela y que se los presté a mi maestra y al año siguiente me dijo si se lo prestaba, que quería leerlo a su clase.  Casi siempre vuelvo a él y leo algunas páginas de los pasajes que más me gustan. Recomendadísimo si quieren hacer leer a alguien.


Tal vez un clásico que leí, pero no sé si es precisamente infantil a pesar de su nombre, es uno de la autora salvadoreña Claudia Lars, “Tierra de Infancia”. Ese fue el primer libro que compré para leerlo por voluntad propia, tenía 12 años. Y es uno de los que más amo.

Marcó un antes y un después en mi vida, porque me presentó el placer de la lectura en todo su esplendor. El Diablo de la Botella sembró en mí aquello de que leer no era aburrido, pero Tierra de Infancia fue la que hizo explotar este amor intenso por la lectura. No sé si se considera un clásico, pero es tan bello. Recuerdo haber pasado pegada a él por días y tratar de descifrar que era lo que estaba sintiendo al no poder detener la lectura. Quisiera volar en el tiempo y volver a sentir esas cosquillas y esa emoción en el pecho como la que sentí cuando terminé de leer Tierra de Infancia y me quedé con ansias de leer más y conocer más sobre los libros.

Y aún sigo atada a ese amor. Y definitivamente no me quiero escapar de este amor jamás.


Ahora, ya con 21 años me declaro fan del clásico “Mujercitas”, de Louisa May Alcott. Este libro lo leí a los 19 años y desde entonces se ha vuelto uno de mis preferidos.

Jo March ha sido uno de mis personajes favoritos en toda la literatura, quizás después de Emma Woodhouse sea la más influyente en mi vida porque me identifico tanto con ella.

Vivo comparando mi vida familiar con la que hay en Mujercitas, y creo que el libro tiene algo que me llena de melancolía porque mi infancia está tan lejana ya. Y siempre insisto en que si tengo una hija este será uno de los primeros libros que le leeré porque es sencillamente precioso.

He leído la continuación también, “Buenas esposas”, pero no tuvo el mismo impacto en mí como Mujercitas. Empecé “Hombrecitos”, pero es que me molesta como Jo termina. Mi Jo merecía más. Además siempre quise que ella se quedara con Teddy.


Quiero leer otros clásicos infantiles. Me gustan porque en ocasiones es bueno salirse de las estructuras de los clásicos serios (que yo adoro eso sí) y sumergirse en la literatura infantil. Por eso es que insisto en que siempre hay un clásico para cada momento de la vida. Aquí algunos de los clásicos infantiles que quiero leer:

seussmontgomery

La fama de estos libros me motivan a leerlos 🙂

dahlcarroll

De estos libros sólo he visto las películas, ¡pero sé que necesito leerlos pronto!

frances-burnett

Frances Hodgson Burnett es quizás una de las que más ansío leer algo.