RESEÑA: El Amante de Lady Chatterley, por D. H. Lawrence

…y ese sentimiento de soledad en un ser tan puramente solo, la trastornaba. Desnudez perfecta, pura, solitaria, de un ser que vive solo y solo también en sí mismo. Y, aún más todavía, la belleza de un ser puro, ni siquiera el cuerpo de la belleza, sino de una irradiación, la llama cálida, blanca, de una vida solitaria revelada en contornos que uno podía tocar: ¡un cuerpo!…

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Cuando tenía quince años y comenzaba a leer los clásicos por diversión (sí, son divertidos SIEMPRE), me topé con este libro. No me recuerdo muy bien cómo es que supe de él, quizás el nombre me dio morbo (y si el nombre me da morbo es obvio que iré a hojearlo). Leí algunos capítulos al azar, sin ningún orden en específico y los pocos párrafos que leí en verdad me gustaron pero me daba  miedo toparme con las escenas sexuales del libro (oh… los tontos prejuicios que solía tener).

Así que mi “moralidad” (pufff…) me hizo ponerlo a un lado y esperar a hasta sentirme de verdad lista para leerlo otra vez.

Ocho años después me encontré con él en una librería y lo compré para ver cómo podía manejar aquello que no podía en el pasado.

Y estoy decepcionada…


Constance, una joven que fue criada en una sociedad muy rígida de principios del siglo XX, pero con la particularidad de crecer dentro de una familia muy liberal. Ella, luego de tener varias aventuras durante su juventud, se casa con un rico heredero, Sir Clifford. Éste se la lleva a vivir al pueblo de Tavershall, en los midlands ingleses. Se mudan a este pueblo tan gris y triste, que depende básicamente de la producción minera, donde ellos son quizás los más adinerados y quienes viven el majestuoso castillo de Wragby. Luego de un breve tiempo de casados, Sir Clifford parte a la guerra, de donde regresa inválido. Y aquí comienza el suplicio de Lady Chatterley, quien guarda tantos deseos de algo más (lo que yo entendí como deseos sexuales) y se ve estancada en el hecho de estar casada con alguien que no puede satisfacerle esas necesidades. Y allí es donde entra Mellors, guardabosque de Wragby. Al inicio no se soportan entre ellos, sin embargo la atracción pronto surge en ellos y no pueden evitarla.


Okay… Esta vez las escenas sexuales no fueron ningún problema para mí (¿está mal que piense que me parecieron aburridas?), sólo eran un elemento más del libro. La cosa es que vine al libro con aquello de que esta es una novela erótica y que el sexo debe ser el tema en el cual giren todos los elementos de la historia pero yo simplemente no lo vi así. Me pareció que tomaba más protagonismo el pueblo de Tavershall (con sus minas, sus gentes grises y los cielos nublados) y que la relación de Constance con Mellors era sólo la parte escandalosa, por así decirlo, de la historia.

Es que este libro no lo disfruté en ningún momento. Fue casi tortuoso. Al principio me justificaba diciendo que era porque ninguno de los personajes me caía bien, pero luego recordé que eso me había pasado cuando comencé a leer El Gran Gatsby, así que eso no era una buena excusa. Y es gracioso porque cuando hojeé el libro a los quince años me llegaron a agradar Lady Chatterley y Clifford pero ahora los dos me molestaban tanto. Quizás, ahora que lo pienso, debo resaltar al maravilloso y pícaro padre de Lady Chatterley:

–Y bien, amigo mío. ¿Y mi hija?
La mofa apareció en el rostro de Mellors.
–Y bien, señor. ¿Y su hija?
–¡Usted la poseyó y le hizo un hijo!
–¿Tuve ese honor?…
–¡Honor!… ¡Dios!
Sir Malcolm soltó una breve carcajada de escocés lúbrico.
–¡Honor! –repitió–. ¿Y cómo fue eso, el amor? ¿Bien, verdad?
–Muy bien.
–Pondría mi mano en el fuego. Mi hija es de raza. Yo tampoco me arrepentí nunca de una buena fornicación.

Esa escena, casi al final del libro, me hizo estallar de risa y encontrar esperanza en terminar el libro aunque sea con una buena experiencia. Pues iba a mitad del libro, esperando ser capturada por algo, cualquier cosa, y cuando ya estaba por terminarlo me di cuenta que todas mis expectativas ya estaban por el suelo.

No sé si está mal que piense que le dan mucho morbo al libro cuando no es para tanto… Sí, hay varias escenas sexuales, lenguaje muy explícito y descripciones terriblemente gráficas, pero duran a lo mucho 4 páginas cada una. Pero ya me imagino el escándalo que hubo el siglo pasado cuando leyeron ese par de escenas sexuales. Pero en este tiempo donde ya casi nada nos impresiona es gracioso pensar en esa polémica. Pues cuando te la pasas leyendo capítulos completos sobre lo aburrida que está la Chatterley en Wragby y los sueños absurdos de Clifford de querer sea escritor o minero (o sus interminables quejas) te olvidas que estás leyendo una novela cuya portada tiene una mujer desnuda y que es reconocida como una novela erótica. Eso sí, me contextualizaron muy bien con eso del pueblo de Tavershall y la solemnidad de Wragby. Y vaya que sí sentí el tedio en el que vivía la Chatterley.
Lo que hay que amar y SE DEBE leer es el prefacio del autor. Me encantó. Las mejores 5 páginas que contenía este libro.

Y hay libros que gustan y otros que no. Y no es que este libro sea malo, es que no era para mí.

Lo que sí estoy esperando es ver la adaptación que la BBC está produciendo. La BBC nunca me deja decepcionada.

Recuerdo que me mantuve leyéndolo, torturándome a mí misma, porque se lo iba contando a alguien. Y cada vez que avanzaba en la historia le contaba que había pasado. Cuando lo terminé, justo al leer la última palabra, le llamé para contarle lo decepcionada que estaba y mis impresiones generales. Fue el ansia de contarle que pasaba en el libro lo que me impulsó a terminarlo, no porque en serio lo hubiese dejado reposar otros ocho años más.

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RESEÑA: El Gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald

No podíamos encontrarnos. Pero nos estuvimos amando todo este tiempo, viejo amigo, y usted no se daba cuenta. A ratos me daba risa saber que usted no se daba cuenta.”

gatsby3Oh Gatsby. Al fin nos encontramos. Había postergado tanto la lectura de este libro porque me he acostumbrado tanto a leer novelas del siglo XIX que intentar algo nuevo me daba algo de miedo. Mi edición es de Alfaguara y lo compré en abril de este año (precisamente en la FILCEN 2014), el libro fue a parar primero en manos de mi hermano, quien se obsesionó con la historia y siempre me hablaba de ella, me lo presentaba como algo tan maravilloso que me moría de envidia. Y a principios de diciembre lo terminé…

Y las consecuencias de su lectura aún me siguen persiguiendo.


El Gran Gatsby es narrado por Nick Carraway, un joven graduado de Yale que llega a Nueva York. Se muda al West Egg, un vecindario repleto de nuevos ricos y su vecino es quizá uno de los más extravagantes y adinerados: Jay Gatsby, un joven que da enormes fiestas todos los fines de semana y de quien nadie sabe quién es, de dónde viene o qué ha sido de su vida pasada. Sólo se contentan con ir a sus fastuosas fiestas.

Nick es primo de Daisy Buchanan y ésta lo invita a pasar un día con ella en su casa. Daisy vive junto a su gatsby1esposo Tom Buchanan en East Egg y su casa está justamente frente a la de Gatsby, separados por el agua. Allí Nick conoce a Jordan Baker y la hija de Daisy. Después llega a la casa de Nick una invitación a la fiesta de Gatsby, él asiste y se encuentra con Gatsby. También ve a Jordan, a quien Gatsby llama durante la fiesta para charlar. Jordan le cuenta a Nick que Gatsby quiere ver a Daisy y concertan un día en el cual Daisy llegará a casa de Nick y Gatsby está allí para verla.

Lo que pasó entre Daisy y Gatsby es que ellos se habían conocido hacía cinco años y se enamoraron, sin embargo Gatsby tuvo que partir. Daisy entonces se comprometió y casó con Tom Buchanan, un adinerado ex atleta y mejor partido que Gatsby (pues este no tenía nada de dinero cuando conoció a Daisy). Pero Gatsby regresa cinco años después, compró una mansión frente a la de Daisy pero en West Egg y cada tarde sale a ver la luz verde que se encuentra en la casa de Daisy.

Daisy y Gatsby vuelven a verse e inician un pequeño romance a escondidas de Tom y bajo la mirada de Jordan y principalmente Nick (el pobre siempre está allí de mal tercio). A todo esto, Tom tiene una amante,Myrtley, la esposa de George Wilson, dueño de un taller mecánico donde Tom asiste seguido.

Pero un día todo explota. Porque Tom se da cuenta de la relación de Gatsby y Daisy. Gatsby insiste en que Daisy sólo lo ama a él y que siempre ha sido así, pero ella es incapaz de aceptar eso. Tom revela partes del oscuro pasado de Gatsby y Daisy queda completamente confundida sobre qué hacer.


Después de Jane Eyre y Cumbres Borrascosas, jamás me había sentido una conexión tan profunda con un libro como con El Gran Gatsby, Gatsby me partió el corazón y me identificó en niveles casi espirituales (sí, así de intenso fue su impacto en mí).

La belleza de la narración. Oh por Dios, ¡qué narración! A pesar de su extensión (porque es muy corto), en su brevedad muestra una maestría increíble al momento de describir imágenes, sensaciones y personajes, cada frase que Fitzgerald colocó a lo largo del libro tuvo un efecto intenso, hipnótico. Sentí ese calor insoportable del cual Daisy siempre se quejaba, o la brisa que movía las cortinas del salón, la grandeza de las fiestas y hasta el dolor que Gatsby guardaba. Al principio me pareció esto pesado, pero después fue eso lo que más me encantaba.

He leído que lo más difícil de El Gran Gatsby es conectar con alguno de los personajes, porque no todos llegan a caer bien. En mi caso no fue tanto así, sino que me costó conocer los personajes hasta bien entrada la obra.  Nick, Jordan, Tom y Myrtle los descubrí rápidamente, sin problemas (hasta simpaticé con Jordan por su simpleza y que era tan relajada) pero Daisy y Gatsby fue todo un laberinto para mí. Saber quien era Daisy, si amaba o no a Gatsby o porque actuaba fue mi mayor reto. Y casi al final encontré esta frase:

“Y todo el tiempo algo dentro de ella clamaba por una decisión. Quería que su vida quedara definida ahora, ya mismo; y la decisión debía tomarse por medio de alguna fuerza”.

Es que allí grita DAISY DAISY DAISY DAISY. Esto es Daisy Buchanan para mí. Alguien que buscaba vivir con todo resuelto, dejando de lado todo y todos los demás. Justamente como su esposo, Tom. A Daisy no le importaba lo que la rodeaba, sino que ella misma y Tom es el reflejo de ella.

Recuerdo estar hablando con mi hermano respecto a que movió a Gatsby a actuar como lo hacía… Según él, Gatsby actuó por amor y el amor que tenía por Daisy era verdadero. Tal vez esto sea cierto, era amor verdadero pero sólo de Gatsby a Daisy, porque ella nada que ver y eso es lo que desbalancea este amor verdadero. El problema es que Gatsby no aprendió a perder y buscó en el poder y la riqueza excusas para atraer de regreso a Daisy, pero ya era tarde. La tuvo un momento, pero un momento no es suficiente. Incluso leyendo un poema hace poco encontré un verso  de Raúl Contreras que me recordó a Gatsby:

“Quietud… para ignorar que mi tristeza

es la alegría que arribó muy tarde”. 

No me molestó el final (cosa que a mi hermano no le gustó), sino que fue lo que más me gustó porque fue inesperado y tan bien pensado y ejecutado, es como si Fitzgerald sabía exactamente que reacciones provocar y construyó alrededor de eso uno de los mejores finales que he leído. Puede parecer frustrante al principio el saber como termina todo, pero creo que era lo mejor y lo que hizo más emblemático este libro para mí. Además, siendo un poco cruel, Gatsby solo tenía dos opciones: morir o superar a Daisy. Y creo que ya sabemos cual era la opción más fácil.

Discutí también con mi amiga sobre este libro y concluimos que en cierto sentido Gatsby es como un Heathcliff más realista. La idea del héroe villanizado que deja a la joven, sin embargo vuelve y encuentra que ella ya tiene su vida resualta con otro… y aún así queda la mínima esperanza de volver a tenerla con la única (pero poderosa) excusa de haber sido su primer amor, el que ha marcado su vida. Pero a veces marcar la vida de alguien no es suficiente. Y Gatsby prueba eso.

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Mi edición 🙂

 

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